El argentino disputará ante la Roma su centésimo partido en una competición que ha ganado cuatro veces y en la que pretende superar a Cristiano Ronaldo como máximo goleador.
Pasaron casi 11 años desde el debut de Leo Messi en la Champions League. Fue en una de esas noches glaciales del invierno de Donetsk, una fecha en la que Barcelona también se quedó helado y sucumbió ante el Shakhtar de Mircea Lucescu después de que Andrés Iniesta fallara un penal.
Aquel día no había presión. El equipo tenía asegurada la primera posición de la fase de grupos y Frank Rijkaard sentó a Ronaldinho Gaucho, Samuel Eto'o y Deco en el banco para dar abrirle las puertas del once titular al joven Leo, que entonces contaba 17 primaveras. Hoy, en plena madurez futbolística del astro argentino, su club aumentó el número de trofeos de forma exponencial, de 1 a 5, y él se convirtió, junto con Iniesta, Gerard Piqué y Xavi Hernàndez, en el jugador en activo con más títulos.
Aquel día no había presión. El equipo tenía asegurada la primera posición de la fase de grupos y Frank Rijkaard sentó a Ronaldinho Gaucho, Samuel Eto'o y Deco en el banco para dar abrirle las puertas del once titular al joven Leo, que entonces contaba 17 primaveras. Hoy, en plena madurez futbolística del astro argentino, su club aumentó el número de trofeos de forma exponencial, de 1 a 5, y él se convirtió, junto con Iniesta, Gerard Piqué y Xavi Hernàndez, en el jugador en activo con más títulos.
Coleccionó botines de oro y pulverizó récords goleadores, arrastrado por el vertiginoso y bendito pulso que mantiene con Cristiano Ronaldo. De hecho, la única marca que le queda al argentino es la de superar al portugués como máximo goleador de la máxima competición continental. Lleva 77 goles y le falta uno solo para alcanzarlo, pero sabe que Ronaldo no se dará por vencido fácilmente. Nunca lo hizo y no lo hará ahora.
Pero Messi sigue en lo suyo. Consciente de que no encontrará ningún entorno en el que se sienta tan cómodo como en Barcelona, ligó su destino al del club azulgrana, a su vez totalmente entregado en cuerpo y alma a su figura, mucho más de lo que antes había hecho con Ladislao Kubala, Johan Cruyff o el propio Ronaldinho. Messi es distino. A diferencia de todos los anteriores, siempre está ahí, como demuestra su CV.
"Hace muy fácil lo más difícil" se sorprendía repetidamente Pep Guardiola, el técnico que le encumbró, intentando definir su juego y la ascendencia que tenía en los movimientos del resto del equipo. Javier Mascherano, por su parte, advertía de "lo difícil que es ser Messi". Tan difícil que solo hubo uno. Y, sin embargo, cuando después de un partido el periodista se acerca a él para preguntarle cómo está, sigue bajando la mirada con la misma timidez que hace una década. Sin duda, no debe ser fácil ser Messi, pero ay, a él le sale solo, así de fácil.

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