jueves, 10 de septiembre de 2015

En el infierno se juega también al fútbol






En el medio de una guerra, con cientos de miles de muertos y millones de refugiados, la Selección de Siria juega, gana y lidera su grupo en las Eliminatorias para Rusia 2018.

La imagen de Aylan Kurdi, el niño sirio muerto, a orillas del mar, es quizá el resumen más escalofriante del presente que atraviesa Siria: un país en guerra, un Estado roto, una población con hambre, continuos bombardeos, niños que no llegan a la adolescencia, niños que no sueñan y miles de personas queriendo escapar, como pueden, de una pesadilla consciente. Los números no son exactos, pero esos números, los que existen, los aproximados, dan miedo: en agosto de este año, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, ya eran más de 240.000 las personas que perdieron la vida por el conflicto armado que empezó en 2011 (111.000 víctimas civiles y casi 12 mil menores). Así y todo, con esta realidad que habla en un lenguaje incomprensible y con un pronóstico no más favorable, la pelota parece vivir en otra dimensión y continúa girando en esta porción de tierra con la intención de subrayar y confirmar una hipótesis: el fútbol se practica también en el infierno.
Suena ilógico. Suena increíble. Suena –quizá- esperanzador en un rincón donde no se agotan las lágrimas. El seleccionado de Siria, mientras todo eso acontece en Medio Oriente, sigue compitiendo y hasta ofrece una imagen positiva: lidera el Grupo E de las Eliminatorias asiáticas rumbo al Mundial de Rusia 2018. Dante Panzeri, con su “dinámica de lo impensado”, estaría guiñando un ojo. Siria, con todas sus desventajas, jugó tres partidos y ganó los tres. Metió 13 goles y no recibió tantos. Es líder, claro está, con 9 unidades, dejando segundo a Japón, con 7 (+9).
El 11 de junio, como visitante, venció a Afganistán 6 a 0 (encuentro disputado en Mashhad, Irán); el 3 de septiembre, como local, superó a Singapur 1 a 0 (jugado en Mascate, Omán); y, por último, también fuera de casa, derrotó a Camboya 6 a 0. El goleador del equipo, hasta el momento, es Omar Khrbin, con tresporotos.
Omar Kharbin, goleador de Siria.
Es cierto que, en estas tres primeras jornadas, sus rivales no representaron un gran escollo a superar, tan cierto como el panorama aterrador que padece Siria, un horror que se ve a primera vista y a cualquiera de las vistas siguientes. Su fútbol, además, está dividido porque la guerra no discrimina: destruye todo lo que puede. Se crearon dos selecciones más del país árabe, consecuencia de los exilios. La primera se formó en 2014 y se denominó Selección Nacional Siria Libre. Son exfutbolistas y juveniles que se refugiaron en el Líbano y están en contra de aquellos colegas que juegan “en nombre del régimen”. El proyecto de este grupo es ser la Selección oficial una vez que el gobierno de Bashar Al Assad sea derrocado, como ellos creen que pasará o como viene pasando en países vecinos con sus respectivas figuras dictatoriales.




La segunda Selección siria, por su parte, se formó en Mersin, Turquía. Piden que la FIFA los reconozca, informan que hay jugadores en las cárceles sirias y que al menos 150 futbolistas “cayeron mártires”.
Un detalle más: entre bombardeos, balas y refugiados, entre las más horribles de las injusticias producidas por el hombre, entre niños como Aylan Kurdi, un seleccionado juvenil sirio viajará en octubre hacia Chile y disputará el Mundial Sub 17 para decir, repetir y confirmar que el fútbol se practica también en la oscuridad.




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