lunes, 31 de agosto de 2015

Un año de Arruabarrena en Boca






Hace 365 días, el Vasco dirigía su primer partido oficial en el Xeneize y le ganaba a Vélez en La Bombonera. Balance de una gestión positiva con una deuda importante.

Jueves 28 de agosto de 2014. El Boca de Carlos Bianchi venía de perder ante Estudiantes en La Plata y de sumar su tercera derrota en tan sólo cuatro fechas. Daniel Angelici, superado por la situación, decidió ponerle punto final al tercer ciclo del Virrey y contratar al tercer y último técnico de su gestión: Rodolfo Arruabarrena, quien asumió el sábado 30 y debutó el domingo 31, hace exactamente un año, en la victoria ante Vélez en La Bombonera. 
La mano del Vasco se notó enseguida. Modificó el esquema, que pasó de ser un 4-4-2 a un 4-3-3, y metió varios cambios que rápidamente le cambiaron la cara a un conjunto que estaba devastado. Sus números en el campeonato en esos primeros meses fueron positivos, con ocho victorias, cuatro empates y tres derrotas. La ilusión, que brillaba por su ausencia desde hacía rato en el barrio de La Boca, reapareció.
Sin embargo, en aquel semestre mostró también otra cara: la de las inseguridadesPerdió dos encuentros clave por el torneo, ante Racing y ante San Lorenzo, y sufrió su primera eliminación con River, en semifinales de la Copa Sudamericana. Pero no sólo las derrotas fueron el problema, sino también algunas decisiones polémicas. Una situación que se potenciaría en el 2015.


El año arrancó con un contundente 1-4 ante la Academia, pero enseguida llegarían los refuerzos. Todos de jerarquía, todos importantes, para pelear la doble competencia y para estar 18 partidos invicto. Arruabarrena encontraba en la rotación el rendimiento gracias a un plantel interminable, pero volvía a tropezar en un momento crucial, nuevamente ante el eterno rival, nuevamente cuestionado por los cambios y los planteos.
En el segundo semestre, aprendió. O creció. A los tumbos, el Vasco entendió que ya no había lugar para realizar demasiadas maniobras sorpresivas. Con Carlos Tevez como estandarte, decidió encontrar un sistema funcional para intentar rodearlo siempre de los mismos nombres. Ahora, el Xeneize sale casi de memoria. Y el ídolo se lo agradece poniéndose el equipo al hombro: ocho victorias y una sóla caída desde su llegada lo dejan como único puntero de cara a la recta final.
En total, lleva 57 partidos que se desglosan en 37 triunfos, 11 empates y 9 derrotas, lo que le da el 70% de eficacia. Insoslayable desde la estadística, su gran deuda en este año al mando de Boca es sacar pecho en las difíciles. La sensación que queda es que, justamente, todavía no logró ninguna victoria determinante. Esas que gustan denominarse "de campeón"Y ahora, en septiembre, 366 días después de haber asumido, tendrá sus últimas dos oportunidades.



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