miércoles, 5 de agosto de 2015

Tras los pasos de Funes y Crespo: Cavenaghi y una cita con la historia.





El delantero de River se juega el partido de su vida. La oportunidad de quedar como un símbolo del club para la eternidad, como los dos 9 que marcaron en los títulos de la Copa Libertadores.




El camino del héroe está marcado por un inicio sorprendente, una primera despedida, algunos exilios, resurecciones, regresos triunfales y momentos de incertidumbre donde su destino inevitable parece ser la perdición. Fernando Cavenaghi ya pasó por todos esos estadios. Ya es ídolo de River pero necesita de una gran consagración para convertirse en héroe. Y tendrá la oportunidad este miércoles, cuando nadie la esperaba, cuando River busque su tercera Copa Libertadores y él intente emular a Juan Gilberto Funes y Hernán Crespo, los centrodelanteros autores de los goles que le dieron al club el máximo título continental en 1986 y 1996.
Cavenaghi comenzó su camino con una aparición fulgurante. Debutó contra Estudiantes en un 6 a 2 a favor, pocos días después tuvo su estreno en la Copa Libertadores convirtiendo su primer gol ante Guaraní y, al año siguiente, con Ramón Díaz en el banco se consagró campeón y goleador del Torneo Clausura 2002 con 15 goles.
Se convirtió rápidamente en ídolo y rápidamente también pasó por duros momentos. En ese mismo campeonato estuvo ocho fechas sin meter goles. Se escuchó que tenía que adelgazar, se escuchó que tenía que ser suplente. Pero Ramón Díaz lo bancó y los dos tuvieron como premio el título.
Foto del primer gol de Cavenaghi. Crédito: La Página Millonaria.
Foto del primer gol de Cavenaghi. Crédito: La Página Millonaria.
Las piedras en el camino del héroe siguieron el siguiente semestre cuando, en la primera fecha del Apertura 2002, sufrió una lesión en la rodilla, tuvo que ser operado y se perdió gran parte del torneo. Pero la resurección no demoró tanto: en el Clausura 2003 volvió a ser campeón y goleador del equipo.
Se fue de River campeón de vuelta en el Clausura 2004 y convirtiendo el gol de la victoria en el Superclásico disputado en la Bombonera, aquel del baile de Maxi López a Rolando Schiavi. En Europa creció y se hizo fuerte mentalmente cuando no le tocó jugar. El frío deRusia, su primer destino, le sirvió como un enemigo al que enfrentarse en la batalla del exilio. En unas vacaciones volvió a su ciudad, a su casa, al club y al estadio, en donde presenció un partido alentando desde la Popular. Creó polémica por su cercanía con la barra pero demostró ser hincha del club y quererlo con pasión. Y lo volvió a demostrar cuando abandonó su carrera europea para ayudar a la institución en el peor momento de su historia.



Su primer regreso se dio apenas consumado el descenso de River al Nacional B en 2011. "Cuando se fue al descenso hace un año me llamó David, uno de mis mejores amigos, a mi casa de Porto Alegre, llorando desconsolado. '¡Nos fuimos a la B, nos fuimos a la B!', me decía, y no podía parar. Yo estaba en Brasil y me largué a llorar con él. Soledad, mi esposa, estaba con mi hija Shopie en brazos. Cuando me vio así pensó que se había muerto alguien de mi familia. Yo no sabía cómo hacer para que David parara de llorar y le dije: '¡Pará! ¡Pará un poco! Quedate tranquilo: arreglo todo en Brasil y en Francia y pego la vuelta a River. Para tu cumpleaños te voy a regalar el ascenso a Primera'", contó el Cavegol a la revista Gente un año después, con el regalo ya entregado a su amigo David La Regina, con quien compartió las inferiores en el club.




En 2004 Cavenaghi se había ido a triunfar a Europa pero en 2012 su salida no fue voluntaria.El exilio fue aún más duro. Lo echaron del club, tras haber conseguido el ascenso. El presidente Daniel Passarella no lo quiso más, el entrenador Matías Almeyda prefirió a David Trezeguet para ocupar el puesto de centrodelantero y tuvo que irse del club que ama.


El primer gol de Cavenaghi en la B
Resurgió y volvió como siempre. Cuando cambió el presidente, cuando volvió Ramón, el técnico que le contó los secretos del puesto y lo convirtió en goleador. Y él volvió a salir campeón en el torneo final 2014, como siempre tras los momentos duros y de incertidumbre. Otra resurección más. Y de inmediato otra caída más. Había jugado los últimos partidos lesionado y debió operarse. Se perdió casi todo el semestre. Y volvió otra vez para ser campeón, en este caso de la Copa Sudamericana, torneo en donde apenas pudo disputar las finales y significó su primer título internacional con el club. Algo similar a lo que puede suceder ahora.

Sus números en la Copa

Fernando Cavenaghi, hasta la segunda final de la Copa Libertadores, lleva disputados apenas 72 minutos en el torneo y no tiene goles. Su último tanto en esta competencia se remonta al año 2004, cuando marcó por partida doble ante Deportivo Cali, en un encuentro en el que también hizo un gol el actual entrenador, Marcelo Gallardo. 

En la presente edición realizó ocho tiros (cinco de ellos al arco), tocó la pelota 52 veces y dio 34 pases. Su efectividad en pases fue de 79,4%. No hizo foules y tampoco los recibió. No fue tenido casi nunca en cuenta por Gallardo para jugar la Copa. Estuvo siempre detrás deTeófilo Gutiérrez y Rodrigo Mora pero cuando faltó alguno de ellos dos tampoco jugó. Un jugador de otras características como Gonzalo Martínez apareció por delante en la elección del entrenador y cuando se fue el delantero colombiano, llegó Lucas Alario, un pibe con pocos goles en Primera y nulo roce internacional para jugar la semifinal y la final antes que él.



Los últimos goles de Cavenaghi en la Libertadores fueron hace once años. Le metió dos en un 3 a 1 a Deportivo Cali. El otro gol lo hizo Marcelo Gallardo.

Pero de pronto, Cavenaghi tuvo otra resurección. De a poco se le abrió una nueva puerta. Sus cuatro goles a Rafaela, el cabezazo goleador ante Colón, las lesiones de Rodrigo Mora y Tabaré Viudez. La necesidad de Gallardo de colocar dos delanteros netos y relegar a Gonzalo Martínez al banco de suplentes para que pueda cumplir la función de revulsivo en el segundo tiempo. Su presente, su historia, su experiencia y por sobre todo su olfato goleador, el motivo por el que lo eligió Gallardo para este partido trascendental

La historia del posible héroe es así: a todo o nada. Puede pasar de ídolo a villano y de villano a ídolo en tan solo un puñado de segundos. El delantero de O'Brien solo necesita hacer un gol y que River gane la final para convertirse tal vez en uno de los símbolos más grandes de la historia del club. Mucho más que Hernán Crespo, que por una razón u otra nunca volvió al club. O que Juan Gilberto Funes que años después pasó a Boca (aunque no llegó a debutar). Cavenaghi se críó en River, volvió a River , es hincha y ama al club.

Si Cavenaghi no convierte  y River no gana, tal vez ahora o tal vez en diciembre se despida por tercera vez. Pero ya no habrá un nuevo regreso. Será "el partido de su vida", como bien dijo Gallardo. Cavenaghi y el club tienen la cita más relevante de sus historias.





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