martes, 4 de agosto de 2015

Guzmán, el militante de la memoria





El arquero de Tigres pelea por las Malvinas, por los Pueblos Originarios y condena a la dictadura militar.


“No quiero negociar con el olvido ni hacerme el distraído”, escribe, con las manos sobre la pantalla del celular, tomando las palabras de la canción del grupo rockero Andando Descalzo.

Al mensaje, le agrega una foto suya, en el medio del césped del estadio Marcelo Bielsa, con una remera que dice “Juicio y Castigo” y que tiene un gorro militar tachado por una línea roja. El mensaje aparece en Twitter el 24 de marzo de 2014: a 38 años del comienzo de la dictadura argentina, la más feroz de Sudamérica, que desapareció a 30.000 personas. Días después, en el medio de ese mismo estadio, sale a la cancha y se saca una foto con Iván Fina, Sabrina Gullino y Santiago Bereciartúa. Ellos tres son nietos recuperados del sistemático plan de aquella dictadura que, cuando desaparecían a mujeres embarazadas, además, las hacían parir y entregaban a sus hijos a otras familias, vaciándoles la identidad. Pero nada de eso sorprende porque ya sorprendió un año antes, en 2013, cuando en el medio de la marcha del 24 de marzo, en Rosario, apareció Nahuel Guzmán caminando por ahí gritando ni olvido ni perdón.
Guzmán dejó de atajar en Newell’s y ya no vive en Rosario porque ahora es el arquero de Tigres y vive en Monterrey, donde este miércoles definirá la final de Copa Libertadores  antes, dirigido por el Tata Martino, llegó a la semifinal-.
Sin embargo, su mundo no está en México. Cada vez que se da la ocasión, vía Twitter, que es su gran canal de comunicación, deja mensajes para Argentina. El último fue para el 9 de julio, cuando envió una foto donde tenía colgada en la espalda la bandera de Argentina y, en el centro, la bandera de los Pueblos Originarios. Y en cada 2 de abril recuerda a las Malvinas, en la militancia de que son argentinas y no británicas.
El Patón, como todos le dicen, no es simplemente alguien que piensa: es alguien que entendió cómo y de qué manera decir lo que se piensa. Un futbolista devenido en comunicador.




Producto de la modernidad, su lugar es el twitter. Pero no es el único canal: cuando jugaba en Newell’s, con algunos de sus compañeros de la categoría 86, entre los que se encontraba Hernán Bernardello, montó un programa de radio que se llamaba “Uno por semana”. Ahora, claro, dejó de hacerlo, pero solo por la distancia.
Guzmán admite que tiene una mirada que excede lo futbolístico: entendió que su rol como ser humano tiene que ver con pelear por lo que se cree y que su rol como futbolista es aprovechar el megáfono que da el reconocimiento social. Algunos dirán que es un bicho raro, pero está lejos de eso: para la sociedad, es un pibe más que común. Que, claro, tiene una cabeza, para el fútbol, más que privilegiada. Mucho de eso tiene que ver con su papá, un artista bohemio de Rosario que le impregnó una consciencia social desde chico que le abrió un mundo. Parte de ese mundo se llenó de sensibilidad el día en que conoció a Kurt Lutman, un futbolista de Newell’s que el 19 de marzo de 2000 festejó uno de sus dos goles a Belgrano con una remera que decía: “Cárcel a Videla y a los milicos asesinos”. Lutman militaba en H.I.J.O.S, la agrupación de los hijos de los desaparecidos. Ahora anda por Rosario siempre en bicicleta y hace talleres de recreación en la Colonia Psiquiátrica de Oliveros. Con ellos dos, en parte, se formó, aunque su círculo le permitió siempre ir pensando más y más.
En México, tampoco pierde de vista su rol social. Hace un tiempo se hizo cargo de la campaña #SalvandoaCarlos, un chico que tiene una compleja enfermedad llamada fibrosis quística, que necesitaba recaudar fondos para tratarse. Así, además de repartir artículos que explican de qué se trata esto, se ocupó de convencer a sus compañeros suyos de Tigres para que lo ayudaran y, entre otros, Rafael Sobis donó una remera suya para sortear.
Guzmán no es sólo el arquero de Tigres: es el suplente de Sergio Romero en la Selección Argentina, donde llegó tras ser citado por el Tata Martino, quien lo admira y adora su forma de jugar con los pies, como si fuera un líbero. Mientras estaba en la Copa América, generó algo extraño: pese a no jugar, el periodismo pedía entrevistarlo porque es conocida su capacidad para lanzar conceptos. Su punto más interesante ocurrió con Clarín, diario opositor al gobierno nacional, con el que Guzmán siente una afinidad política, donde, elegantemente, se ocupó de criticar al grupo mediático.
Podría ser un detalle, pero no lo es: Guzmán no es alguien a quien le dan un mensaje y lo transmite, Guzmán es un comunicador que piensa por sí solo y tiene una opinión propia más que definida.




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