El Muñeco asumió sin demasiados pergaminos, llevó al Millonario nuevamente al primer plano internacional y está a un paso de hacer historia.
Así llegó la histórica eliminación a Boca y la obtención de la Copa Sudamericana, tras 17 años sin títulos internacionales, además de un campeonato que se escapó sobre el final, producto de la falta de variantes de un plantel reducido.
Hace poco más de un año, la sorpresiva salida de Ramón Díaz tras consagrarse en el torneo local parecía desestabilizar el buen presente de River. Pero lo que muchos no imaginaban era que había un DT de la casa que se venía preparando para cuando le llegue su gran oportunidad y no tenía en los planes desaprovecharla.
Marcelo Gallardo, el referente que tuvo una deslucida salida como jugador y se terminó retirando en Uruguay, venía de dar sus primeros y exitosos pasos como DT de Nacional, con la certeza de que el título de técnico lo iba a recibir definitivamente en el Monumental. Y así fue.
A pesar de un comienzo con algunos resultados adversos, el Muñeco no tardó en ganarse la confianza de la gente y los jugadores no demoraron en hacer propia la idea de un entrenador que logró reconciliar a River con su identidad y obnubiló a todos con un juego vistoso acorde al exigente paladar Millonario.
Sin embargo, fue justamente cuando mantener ese vistoso nivel se tornó cada vez más difícil cuando aparecieron las principales virtudes del técnico que destaca a Bielsa como el entrenador del que más aprendió durante su carrera aunque, a diferencia de su maestro, se vistió de gala cuando ameritó y no dudó en ponerse el overol y abandonar su estilo para conseguir triunfos alejados del lujo que fortalecieron anímicamente al grupo.
Así llegó la histórica eliminación a Boca y la obtención de la Copa Sudamericana, tras 17 años sin títulos internacionales, además de un campeonato que se escapó sobre el final, producto de la falta de variantes de un plantel reducido.
El difícil comienzo de año con una dura derrota ante el eterno rival en un amistoso de verano y la agónica clasificación a los octavos de final de la Copa Libertadores parecieron hacerlo tambalear. Pero el DT utilizó otra vez la adversidad para fortalecerse como líder. Una nueva serie Superclásica en la que anuló por completo a un Boca que llegaba como favorito y no logró generar peligro; y un planteo perfecto en Brasil y Paraguay, donde también fue determinante con los cambios, llevaron a River a la final de la Copa Libertadores y a la posibilidad de disputar nada menos que el Mundial de Clubes en Japón.
No hubo nombres propios que lo desenfoquen ni bajas que hagan peligrar su objetivo. Está a dos partidos de alcanzar la gloria absoluta, pero Gallardo ya dio sobradas muestras de su capacidad y dejó claro que, más allá de lo que pase ante Tigres, River encontró un técnico a la altura de su historia.

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